Relación no localizable

El viaje no será ya más que una especie de inercia

Posted in Uncategorized by Serafín Álvarez on January 6, 2010

La velocidad de un caballo, de un tren, de un barco, sirve ante todo para desplazarse con rapidez de un sitio a otro. El poder político se hallará vinculado a esta capacidad de desplazar hombres, mensajeros o soldados. En un segundo tiempo, las tecnologías de comunicación se comportarán de forma tal, que la velocidad servirá para ver y oír lo que no debería ni verse no oírse. Las señales a distancia, el telégrafo y, más adelante, el cine ultrarrápido de un millón de imágenes por segundo, que permitirá ver cosas que nadie había visto jamás, o también la alta fidelidad, que permitirá oír sonidos nunca escuchados con los anteriores medios de reproducción… Para empezar, si consideramos el desplazamiento, es decir, la velocidad que permite desplazarse, obtenemos un tríptico: la salida, el viaje y la llegada. La salida es un momento importante: decidimos ir a un sitio, emprendemos la marcha. El viaje es igualmente importante, puede durar mucho, como sucedía con los viajes de los peregrinos, con el de Marco Polo, o con los viajes del hombre del XVIII… La llegada es un sí un acontecimiento considerable. La llegada tras tres meses de camino a pie, o tras un año de circunnavegación es un acontecimiento. Tres palabras: la salida, el viaje, la llegada. Pero, con la revolución de los transportes, no tardarán en quedar sólo dos palabras y media: seguirá existiendo la salida, pero el viaje no será ya más que una especie de inercia, de intermedio entre la propia casa y el destino. A partir de la invención del tren, por ejemplo, el viaje pierde su capacidad de descubrimiento del mundo para convertirse en algo así como un rato que debe transcurrir mientras se espera el momento de la llegada al destino. Con la revolución de los transportes aeronáuticos, nos daremos cuenta de que la salida y la llegada siguen existiendo, pero de que el viaje ya ha dejado de existir por completo. Esto lo prueba el hecho de que nos quedamos dormidos en el tren y en el avión y de que, en las líneas aéreas de larga distancia, se proyectan películas para rellenar ese intermedio. En cierto modo, pues, desde la revolución de los transportes ha desaparecido una de las palabras: se trata del viaje.

Paul Virilio, “Dromología: la lógica de la carrera. Una conversación con Giacio Daghini”, Media Culture

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