El tiempo eterno de la duración efímera
El ritual cotidiano, del hecho mismo de la redundancia, tiene sabor trágico: el del eterno nuevo comienzo de lo mismo, pero es un trágico fundador. Un trágico que representa el mismo rol que el exis o el habitus, como lo cuentan Aristóteles o Tomás de Aquino; a saber, lo que confirma la familiaridad, el mismo nivel, la proxemia. El hecho de compartir y de vivir el mismo sentimiento de finitud no puede sino confirmar la común pertenencia a una misma naturaleza. En resumidas cuentas el ritmo no es sino el ritmo específico por el cual el sentimiento de finitud y el de pertenencia se expresan en lo cotidiano.
El tiempo eterno de la duración efímera, el del rito, el del tiempo suspendido, repite en su intensidad misma la utopía recurrente del deseo de la vida como “obra de arte total” (Gesamtkunstwerk)
Michel Maffesoli, El instante eterno
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