1847 meter
Helmut Smits, 1847 meter, the distance from my house to my studio
Objects found in my studio
84 x 50 x 30 cm
2010
extension lead 10 m
extension cord red 25 m
extension cord yellow 20 m
extension cord green 12 m
extension cord white 3 m
extension cord IKEA KOPPLA 5 m
installation wire black 100 m
rope brown 100 m
rope white 20 m
rope off white 20 m
rope IKEA blue10 m
rope black/blue/white 20 m
sisal rope 45 m
polypropylene rope yellow 45 m
polypropylene rope blue 45 m
polypropylene rope brown 45 m
flexible tube 5 m
nail band 10 m
tape measure 3 m
tape measure 30 m
iron wire 1,5mm green 25 m
iron wire 50 m
iron wire green Gamma 50 m
iron wire green Skandia 50 m
clothesline 20 m
tensioning strap orange 5 m
tensioning strap blue 4 m
stretching foil 150 m
coaxial cable 5 m
yarn 65 m
sandpaper roll kwb 5 m
sandpaper roll 5 m
electrical wire black 5 m
electrical wire white 5 m
electrical wire brown 5 m
electrical wire with switch 2 m
elastic band 10 m
thread 100 m
masons line 40 m
phone cord 2 m
iron cord 3 m
melamine edge 2,5 m
nylon thread 25 m
bandage 4 m
plaster tape 5 m
duct tape 50 m
insulating tape black 4,5 m
insulating tape brown 4,5 m
insulating tape yellow/green 4,5 m
insulating tape blue 4,5 m
insulating tape green 25 m
masking tape Elma 25 m
masking tape Tesa 50 m
12mm masking tape 50 m
masking tape purple 25 m
double sided foam tape 1,5 m
double sided carpet tape 5 m
sealing tape 5 m
aluminum tape 5 m
packing tape Scotch 66 m
packing tape Tesa 66 m
packing tape fragile 66 m
packing tape transparant Scotch 66 m
packing tape transparant Zeeman 25 m
adhesive tape 33 m
adhesive tape crystal 33 m
teflon tape 12 m
Subidas y escaladas y obsesiones y cimas y explosiones y momentos fugaces experimentados como eternos y bailes y bajadas y descensos y caídas. O fragmentos sueltos y reenlazados de Cosas que hacen BUM, de Kiko Amat.
“La obsesión es una fiebre. Una rabia loca, enfocada hacia un solo punto, que empieza a acelerar sin que nadie pueda detenerla. La obsesión es un deseo multiplicado, y ese deseo me ha llevado hasta aquí.
Estoy volando a 111 km por hora en dirección a un árbol del camping La Ballena Alegre, en la autovía de Castelldefels. Cuando impacte contra él, mi cuello se partirá como un barquillo mojado en champán, pero de momento estoy paralizado en el aire en la postura de volar. Soy una pieza de taxidermista, suspendida del cielo por hilos de oxígeno.
Los ingleses tienen una expresión para eso: mid-air.
Espero que esta parálisis pasajera me dé el tiempo suficiente para contar lo que tengo que contar; es una historia bastante larga. Estoy volando a 111 km por hora porque hace un segundo estaba subido a una Vespa 160, conduciendo sin manos. Me subí a la Vespa porque antes intenté realizar el Último Vals Salvaje, y falló. Mi Último Vals Salvaje era la única manera que encontré para extirpar la obsesión. Ésta es una historia de obsesiones.”
[280 páginas después, en el mismo libro]:
“Levanto los dos brazos al cielo, ya no veo, mis ojos son ciénagas, y cuento: un-dos-tres, un-dos-tres. Mis últimos pasos de baile, que nadie me pudo quitar.
Una carcajada partida brota de mi garganta, como lija, una risa de coyote al cielo, una risa que es como un dolor que explotase, como un daño de goma 2. Éstas son las cosas que hacen BUM, esto fue el último estoque, el último baile. ¿Me lo concedéis? Cuando la Vespa se desliza hacia el arcén, aún estoy riendo. Un golpe así, casi nunca lo sientes. Un golpe así, es sordo y fantasmal; no lo sientes. Éste es el BUM final de las cosas que hacen BUM. El BUM final de Pànic Orfila, la única manera posible de terminar con las cimas y las cuestas [Since you left me, it's an uphill climb to the bottom].
Todo se vuelve oscuro, la música termina, los discos se rompen, acaban los Grandes Gestos, que nadie pregunte nada. Todo está claro. Todo está contado. Todos los guijarros están desperdigados por el camino, la obsesión me ha matado, no fui yo. No tengo la culpa, ahora lo veo.
Porque soy lo que soy. Soy la obsesión, y la obsesión rompe y quema. Nadie puede entenderlo.
Nadie puede entenderlo, y ahora ya no importa.
Estoy volando a 111 km por hora en dirección a un árbol del camping La Ballena Alegre, en la autovía de Castelldefels. Cuando impacte contra él, mi cuello se partirá como un barquillo mojado en champán.
Pero de momento aún estoy paralizado en el aire. El tiempo se hizo barro, y el aire, membrillo. Lo conté al principio, hace 280 páginas. Congelado en el aire.
La expresión inglesa era: in mid-air.
Veo una de mis lágrimas estática cerca de mi cara, como un diamante volador, y me doy cuenta de que queda poco tiempo para que esta parálisis pasajera termine abruptamente. Ya conté mi historia; en un instante, el membrillo se fundirá y yo continuaré mi breve periplo hacia la fractura cervical.
Supongo que esto, ahora sí, se acaba. Estoy contento de haber podido contar lo que conté. Yo sólo quería hablar de la obsesión y, mientras lo hacía, me he dado cuenta de lo que soy.
-A la mierda -murmuro cuando desaparece la parálisis, a nadie en concreto, al árbol que me espera. Y esbozo media sonrisa de huevos estrellados.
Huevos estrellados.
Me matas, Pànic. Me matas.”
[Algunas páginas antes]:
“-Te dejas esto -me dice Eleonor a lo lejos, abriendo su mano en la distancia.
Yo giro la cabeza un momento.
Es mi vida, hecha añicos. En la palma de su mano. Con sus cimas soleadas y sus valles oscuros [Since you left me, it's an uphill climb to the bottom] llenos de mierda y dolor. Todo se antoja inútil, de repente.
-Ya no la necesito -le digo, sorbiéndome los mocos. Quédatela.”
[Algunas páginas anteriores más, las expresiones se repiten, el gran vals se acerca]:
“Un-dos-tres, un-dos-tres. El último gran vals se acerca cada vez más. Un-dos-tres, un-dos-tres.”
[Todavía antes, página 255 y siguientes]:
“Como pasó aquel día en el patio de la facultad, todo a partir de ahí sucedió a doble velocidad. Tal vez era porque el coche se acercó hacia la entrada al ralentí, y el guardia jurado salió a cámara lenta, y cuando dijo Buenas Noches hacia la ventanilla de Marco Cara su voz sonó deforme, como un disco a la velocidad equivocada.
-Buuuuuueeeeeeennnnaaaassss nnnnooooccccheeeessssss.
-Un círculo de vaho surgió de su boca y se deshizo en el aire.
Ya no importaba. Marco Cara sacó a mil kilómetros por hora uno de aquellos noqueadores eléctricos que parecen artilugios de pelar patatas, se lo puso en el cuello con un przzz y en nada el cuerpo del agente se desplomó como una mochila pesada.
Tampoco pregunté por qué le habíamos noqueado.
Lo observé como sentado en la fila cinco de un cine. Como si todo fuera ficción.
[...]
Y yo, yo me quedé allí con el detonador.
[...]
Me sentí un astronauta flotando en el espacio, viendo la Tierra a lo lejos, sin gravedad, sin asideros. Buzz Aldrin. Yuri Gagarin.
[...]
Miré hacia arriba durante lo que parecieron días, pero fueron sólo minutos. Delante de mí estaba Marco Cara. Sus ojos soltaban un fulgor azulado dentro del pasamontañas rojo con visera.
[...] fui a un extremo del complejo, me senté en el suelo y me puse a mirar Barcelona como si no la hubiese visto nunca antes. Como sorprendido de que estuviera allí.
BUM
Una explosión así no puede contarse. Una explosión así uno tiene que oírla. O no oírla, porque, de hecho, todo es la explosión y, de repente, tú estás viviendo en ella, y lo irreal es el silencio. Y luego, la luz, y el fuego, y los artefactos voladores. Los oídos tapiados por cemento sónico. Fuego y cometas a mis espaldas, y cosas volantes, y relámpagos de luz. Mente en blanco. Nada de pensar.
Y entonces pensar: Me muero.
[...]
Y empezó a caer. Casi delicadamente, como si se agachara. En silencio, porque mis oídos sangraban.
[...]
¿Qué hay tras la cima? ¿Adónde vas una vez has culminado el gran momento? Estoy en la cima y toco, si estiro el brazo, la grandeza y el fin de la obsesión.
Me quité los zapatos y los pantalones y los calzoncillos y los calcetines, y noté cómo las agujas de la lluvia no me dolían y resbalaban sobre mi vello, y mis pies tocaban el suelo frío, blando, briznas de hierba me acariciaban entre los dedos. ¿Qué pasa luego, una vez estás en la cima? Dios mío, no puedo respirar. Caí de rodillas, desnudo. Por entre el agua de mis pestañas vi Barcelona, abriéndose y cerrándose como miles de berberechos luminosos, borrosa, como sumergida.
Grité por encima del estruendo silencioso.
Y al fondo del todo, como si surgiese del esqueleto de la torre caída, escuché a los Temptations cantar “Since I lost my baby” en sus trajes inmaculados, y todo estaba iluminado, y vi que la Gran Idea estaba allí, a un centímetro, y todo a mi alrededor era música hermosa, ruido, fuego, y noté de verdad una pasión imparable, que aparecía después de dejar caer todo el peso de las espaldas, y me puse en pie, y estaba en la cima, la cima, en el vórtice exacto, todo pasando a gran velocidad, el Gran Gesto, ardiendo, ardiendo.
Y entonces, de repente, vi con terror el futuro, desde allí, mojado y temblando, vi en un relámpago de iluminación final los días que habían de venir, y supe de inmediato que una vez has tocado la cima, todo lo que queda es descenso.
Todo lo que queda es caída.”
El viaje no será ya más que una especie de inercia
La velocidad de un caballo, de un tren, de un barco, sirve ante todo para desplazarse con rapidez de un sitio a otro. El poder político se hallará vinculado a esta capacidad de desplazar hombres, mensajeros o soldados. En un segundo tiempo, las tecnologías de comunicación se comportarán de forma tal, que la velocidad servirá para ver y oír lo que no debería ni verse no oírse. Las señales a distancia, el telégrafo y, más adelante, el cine ultrarrápido de un millón de imágenes por segundo, que permitirá ver cosas que nadie había visto jamás, o también la alta fidelidad, que permitirá oír sonidos nunca escuchados con los anteriores medios de reproducción… Para empezar, si consideramos el desplazamiento, es decir, la velocidad que permite desplazarse, obtenemos un tríptico: la salida, el viaje y la llegada. La salida es un momento importante: decidimos ir a un sitio, emprendemos la marcha. El viaje es igualmente importante, puede durar mucho, como sucedía con los viajes de los peregrinos, con el de Marco Polo, o con los viajes del hombre del XVIII… La llegada es un sí un acontecimiento considerable. La llegada tras tres meses de camino a pie, o tras un año de circunnavegación es un acontecimiento. Tres palabras: la salida, el viaje, la llegada. Pero, con la revolución de los transportes, no tardarán en quedar sólo dos palabras y media: seguirá existiendo la salida, pero el viaje no será ya más que una especie de inercia, de intermedio entre la propia casa y el destino. A partir de la invención del tren, por ejemplo, el viaje pierde su capacidad de descubrimiento del mundo para convertirse en algo así como un rato que debe transcurrir mientras se espera el momento de la llegada al destino. Con la revolución de los transportes aeronáuticos, nos daremos cuenta de que la salida y la llegada siguen existiendo, pero de que el viaje ya ha dejado de existir por completo. Esto lo prueba el hecho de que nos quedamos dormidos en el tren y en el avión y de que, en las líneas aéreas de larga distancia, se proyectan películas para rellenar ese intermedio. En cierto modo, pues, desde la revolución de los transportes ha desaparecido una de las palabras: se trata del viaje.
Paul Virilio, “Dromología: la lógica de la carrera. Una conversación con Giacio Daghini”, Media Culture
El tiempo eterno de la duración efímera
El ritual cotidiano, del hecho mismo de la redundancia, tiene sabor trágico: el del eterno nuevo comienzo de lo mismo, pero es un trágico fundador. Un trágico que representa el mismo rol que el exis o el habitus, como lo cuentan Aristóteles o Tomás de Aquino; a saber, lo que confirma la familiaridad, el mismo nivel, la proxemia. El hecho de compartir y de vivir el mismo sentimiento de finitud no puede sino confirmar la común pertenencia a una misma naturaleza. En resumidas cuentas el ritmo no es sino el ritmo específico por el cual el sentimiento de finitud y el de pertenencia se expresan en lo cotidiano.
El tiempo eterno de la duración efímera, el del rito, el del tiempo suspendido, repite en su intensidad misma la utopía recurrente del deseo de la vida como “obra de arte total” (Gesamtkunstwerk)
Michel Maffesoli, El instante eterno
Langjökull, Snæfellsjökull, Solheimajökull
Katie Paterson, Langjökull, Snæfellsjökull, Solheimajökull
3 litres glacial meltwater, 3 litres silicon, 3 turntables
2007
Sound recordings from three glaciers in Iceland, pressed into three records, cast, and frozen with the meltwater from each of these glaciers, and played on three turntables until they completely melt.
The records were played once and now exist as three dvds. The turntables begin playing together, and for the first ten minutes as the needles trace their way around, the sounds from each glacier merge in and out with the sounds the ice itself creates. The needle catches on the last loop, and the records play for nearly two hours, until completely melted.
Sube a velocidad constante la burbuja de aire, fría y pequeña, aunque en el torrente sanguíneo te mate
La mística tiene mucho que ver con el agua mineral con gas. Microesferas de aire que suben verticalmente a velocidad constante sin que les importe la curvatura del Universo. Un ascender que carece de correlato e imagen en el espacio-tiempo. La masa tiende a caer, y todo es masa, y todos somos y seremos masa, y quizá algún día haciendo colisionar 2 chorros de subatómicas partículas encuentren los físicos al fin el ansiado bosón de Higgs que dé cuenta de tanto peso que nos constituye y rodea. Sube a velocidad constante la burbuja de aire, fría y pequeña, aunque en el torrente sanguíneo te mate. Alguien tendría que pensar qué ocurriría si toda la nieve de las estepas fuera agua mineral con gas congelada, qué forma tendría el tiempo detenido en esas microesferas.
Agustín Fernández Mallo, Nocilla Experience
La circulación entendida como placer
[...]
2. Tal como afirma Le Corbusier, el tiempo de transporte es un trabajo añadido que reduce la jornada de vida llamada libre.
3. Hay que pasar de la circulación entendida como trabajo añadido a la circulación entendida como placer.
[...]
Guy Debord, “Posiciones situacionistas sobre la circulación”
Bigger/Smaller than you can possibly imagine
Bit Interview with Tristan Perich at Rhizome
What is your favorite unit of measurement and why?
The first unit of measurement to blow my mind was the parsec, which I came across in middle school in that amazing book, Powers of Ten. It described immensely vast distances, larger than a light year, which was really large. It quantified the universe. It was the first time I realized measurements could actually be cool, really cool. The book also went down to angstroms and fermis and pico fermis, accompanied by colorful illustrations of molecules and atoms. They’re the only way we can relate to these huge and small places beyond our perception, essentially meaning, “bigger than you can possibly imagine” or “smaller than you can possibly imagine.” A great book called Where Mathematics Comes From goes into how we can only understand mathematical abstractions through “grounding metaphors,” like “number as distance.” We seek recourse to our ineptitude by further refining our measure on the world, which Lorentz and Einstein proved will ultimately fail, our Icarus syndrome. The National Institute of Standards and Technology has some blocks on its campus that measure exactly 1 cubic inch, or weigh exactly one pound, creating the official word on measurement. They are free from inaccuracies since they define what an inch is in the first place: a physical embodiment of language.
But recently, I have settled to truly appreciate the millimeter. As a kid I always thought millimeters were too small to perceive, but they are actually pretty big. I’ve put them to work a lot recently to determine the precise wire lengths for 1-Bit Symphony, adding a mm here or subtracting a mm there. It’s finally supplanted their intangibility with a new meaningfulness. Then Squires Wires, my wire company, blasphemously converts them to decimaled inches…
In-between
in-be·tween inf.
• adj. situated somewhere between two extremes or recognized categories; intermediate: I am not unconscious, but in some in-between state.
• n. an intermediate thing: successes, failures and in-betweens.
«¿Pero si cada uno tiene su propia sensación temporal, cómo puede haber un tiempo coherente? No es lógico»

Hombre «Geográficamente habrá una variación temporal entre Suecia y Vancouver a causa de la diferencia de distancia desde el centro de la tierra, desde el centro de la gravedad.»
Janet «Claro.»
Hombre «En realidad lo que se percibe es una diferencia de tiempo cuantificable.»
Janet «En un momento determinado me hablaste de los múltiples períodos de tiempo que aparecen al margen del horizonte de sucesos.»
Hombre «En el horizonte de sucesos: al límite de la física en cierto sentido. Una persona no experimentaría el tiempo en un sentido normal. No podríamos decir que estamos haciendo algo concreto. Muy probablemente no habría intervalos entre distintas acciones, sino más bien sucesivas transformaciones a las que nos resultaría difícil seguir la pista de un modo lineal.»
Janet «¿Así una persona estaría en varias dimensiones a la vez?»
Hombre «En cierto sentido, sí.»
Janet «Como si tuvieras un shock. Una vez iba andando por la calle y alguien pasó por mi lado gritando; en aquel momento tuve la impresión de que mis oídos y todo lo que estaba a mi alrededor disminuían repentinamente su velocidad.»
Hombre «Es lógico que tu sensación temporal cambiara con relación al mundo exterior y que tuvieras la sensación de que la progresión del tiempo se alterara al modificar estas relaciones. En este caso, tus circunstancias cambiaron de repente.»
Janet «Correcto.»
Hombre «La sensación del tiempo se altera y uno percibe el cambio y se da cuenta de que se trata de un cambio rápido y no la transformación fluida y gradual que suele producirse en la vida cotidiana. Nuestra sensación del tiempo cambia muy gradualmente por lo que tendemos a no notar el cambio.»
Janet «¿Pero si cada uno tiene su propia sensación temporal, cómo puede haber un tiempo coherente? No es lógico.»
Hombre «Tienes razón.»
Janet «Y eso significaría que la multidimensionalidad actuaría constantemente…»
Hombre «Exacto.»
Janet Cardiff & George Bures Miller, Telephone / Time, 2004
Un choque de tiempos imposible de resolver
Un pensamiento topológico del tiempo nos conduciría, por tanto, a dar valor a las discontinuidades, a los saltos, a las inadecuaciones, a las ausencias… a los tiempos muertos. A esos tiempos que precisamente ha tendido a eliminar de todo discurso el tiempo elíptico cinematógrafo y las narrativas asociadas a él. Quizá haya que pensar al sujeto contemporáneo y su tiempo desde la topología, más allá de la localización, más allá del tiempo lineal, en el tiempo de la ausencia. No ya en una intemporalidad eterna, sino en una temporalidad múltiple y heterogénea, pero no híbrida (al menos si por híbrido entendemos la suma de las partes). Una temporalidad discontinua. Una heterocronía, o, más bien, por hacer hincapié en la cuestión de conflicto, una ‘discronía’, un choque de tiempos imposible de resolver.
Miguel Ángel Hernández-Navarro, “Presentación. Antagonismos temporales”, Heterocronías. Tiempo arte y arqueologías del presente
La pausa como proceso
Proposición V: La existencia nómada efectúa necesariamente las condiciones de la máquina de guerra en el espacio.
El nómada tiene un territorio, sigue trayectos habituales, va de un punto a otro, no ignora los puntos (punto de agua, de vivienda, de asamblea, etc.). Pero el problema consiste en diferenciar lo que es principio de lo que sólo es consecuencia en la vida nómada. En primer lugar, incluso si los puntos determinan los trayectos, están estrictamente subordinados a los trayectos que determinan, a la inversa de lo que sucede en el sedentario. El punto de agua sólo existe para ser abandonado, y todo punto es una etapa y sólo existe como tal. un trayecto siempre está entre dos puntos, pero el entre-dos ha adquirido toda la consistencia, y goza tanto de una autonomía como de una dirección propias. La vida del nómada es intermezzo. Incluso los elementos de su hábitat están concebidos en función del trayecto que constantemente los moviliza. El nómada no debe confundirse con el migrante, pues el migrante va fundamentalmente de un punto a otro, incluso si ese otro punto es dudoso, imprevisto o mal localizado. Pero el nómada sólo va de un punto a otro como consecuencia y necesidad de hecho: en principio, los puntos son para él etapas del trayecto. Los nómadas y los migrantes pueden combinarse de muchas maneras, o formar un conjunto común; no por ello dejan de tener causas y condiciones muy diferentes [...].
En segundo lugar, por más que el trayecto nómada siga pistas o caminos habituales, su función no es la del camino sedentario, que consiste en distribuir a los hombres en un espacio cerrado, asignando a cada uno su parte y regulando la comunicación entre las partes. El trayecto nómada hace lo contrario, distribuye los hombres (o los animales) en un espacio abierto, indefinido, no comunicante. El nomos ha acabado por designar la ley, pero sobre todo porque era distribución, modo de distribución. Pues bien, es una distribución muy especial, sin reparto, en un espacio sin fronteras ni cierre. El nomos es la consistencia de un conjunto difuso: en ese sentido, se opone a la ley, o a la polis, como un arrière-pays, un flanco de una montaña o el espacio difuso que rodea a una ciudad (“o bien nomos, o bien polis“). En tercer lugar, hay, pues, una gran diferencia de espacio: el espacio sedentario es estriado, por muros, lindes y caminos entre las lindes, mientras que el espacio nómada es liso, sólo está marcado por “trazos” que se borran y se desplazan con el trayecto. Incluso las capas del desierto se deslizan unas sobre otras produciendo un sonido inimitable. El nómada se distribuye en un espacio liso, ocupa, habita, posee ese espacio, ese es su principio territorial. Definir al nómada por el movimiento es igualmente falso. Toynbee tiene toda la razón cuando sugiere que el nómada es más bien aquel que no se mueve. Mientras el migrante abandona un medio que ha devenido amorfo o ingrato, el nómada es aquel que no se va, que no quiere irse, que se aferra a ese espacio liso en el que el bosque recula, en el que la estepa o el desierto crecen, e inventa el nomadismo como respuesta a ese desafío. Evidentemente, el nómada se mueve, pero está sentado, sólo está sentado cuando se mueve [...]. El nómada sabe esperar, tiene una paciencia infinita. Inmovilidad y velocidad, catatonía y precipitación, “proceso estacionario”, la pausa como proceso, estos rasgos de Kleist son fundamentalmente los del nómada. Pero hay que distinguir la velocidad y el movimiento: el movimiento puede ser muy rápido, pero no por ello es velocidad; la velocidad puede ser muy lenta, o incluso inmóvil, sin embargo, sigue siendo velocidad. El movimiento es extensivo, y la velocidad intensiva. El movimiento designa el carácter relativo de un cuerpo considerado como “uno”, y que va de un punto a otro; la velocidad, por el contrario, constituye el carácter absoluto de un cuerpo cuyas partes irreductibles (átomos) ocupan o llenan un espacio liso a la manera de un torbellino, con la posibilidad de surgir en cualquier punto [...].
Gilles Deleuze y Félix Guattari, Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia
Detener el día, suspender el curso de la historia
Walter Benjamin recordaba con pasión aquella célebre anécdota según la cual los revolucionarios de la comuna parisina se arrojaron a las calles y, llevados de una incontenible pasión de hacer Historia, o quizás más bien contra-Historia, se dedicaron, sin acuerdo previo ni consigna pactada alguna, sino con una especie de sincronía misteriosa como de movimiento migratorio, como de reloj interno o biológico, como de llamada muda del ADN de la especie, a disparar todos a una vez y desde todos los lugares de la ciudad contra los relojes de cada torre.
Detener el día, suspender el curso de la historia. Establecer un tiempo que ya no es el de los relojes, sino como mucho el de los calendarios, el de los fastos y las calendas, el de los misterios y las ceremonias, el tiempo extraordinario de las comunidades. Ese tiempo que también traen las grandes revueltas, ese tiempo no ordinario que especula con la posibilidad de la irrupción repentina de un orden otro, o quizás de un mero y gozoso desorden, atraído por esas trompetas de Jericó que hacen caer los muros, el tiempo de la Ley, su imperio. Una irrupción repentina que lo sería de un tiempo de libertad, de plenitud, de un tiempo-ahora que sería a la vez tiempo-pleno, ajeno a las pautas reguladas del tiempo ordinario, del tiempo homogéneo y vacío de esa prostituta, decía Benjamin, que es la Historia.
José Luis Brea, “Detener el día”, En tiempo real. El arte mientras tiene lugar
Todas las fiestas del futuro
No se trata de dejar constancia de lo maravillosas que han sido cada una de las nuestras, las de nuestra generación, sino de testimoniar que la perfecta singularidad irrepetible de la experiencia que cada uno de nosotros ha vivido -compartida con nuestros prójimos; con nuestros similares- merece y reclama, como la canción del embriagado Zaratustra, eternidad, perfecta y absoluta eternidad. Esa eternidad de un tiempo pleno que se expande en la lograda conquista de un único y perfecto tiempo-ahora, un instante eterno. Una eternidad que se colma con haber sido una vez, si lo ha sido intensamente.
José Luis Brea, “Detener el día”, En tiempo real. El arte mientras tiene lugar
Anular fin y comienzo
Un rizoma no empieza ni acaba, siempre está en el medio, entre las cosas, interser, intermezzo. El árbol es filiación, pero el rizoma tiene como tejido la conjunción “y… y… y…”. En esta conjunción hay fuerza suficiente para sacudir y desenraizar el verbo ser. ¿A dónde vais? ¿De dónde partís? ¿A dónde queréis llegar? Todas estas preguntas son inútiles. Hacer tabla rasa, partir o repartir de cero, buscar un principio o un fundamento, implican una falsa concepción del viaje y del movimiento (metódico, pedagógico, iniciático, simbólico…). Kleist, Lenz o Büchner tienen otra manera de viajar y de moverse, partir en medio de, por el medio, entrar y salir, no empezar ni acabar. La literatura americana, y anteriormente la inglesa, han puesto aún más de manifiesto ese sentido rizomático, han sabido moverse entre las cosas, instaurar la lógica del Y, derribar la ontología, destruir el fundamento, anular fin y comienzo. Han sabido hacer una pragmática. El medio no es una media, sino, al contrario, el sitio por el que las cosas adquieren velocidad. Entre las cosas no designa una relación localizable que va de la una a la otra y recíprocamente, sino una dirección perpendicular, un movimiento transversal que arrastra a la una y a la otra, arroyo sin principio ni fin que socava las dos orillas y adquiere velocidad en el medio.
Gilles Deleuze y Félix Guattari, Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia

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